Soy mi propio cuento: Nacho Chincoya (México)

Por Pablo Llana

La pintura de Nacho Chincoya se refiere a la enunciación poética de la infancia, mediante la apropiación de objetos, fetiches e imágenes del entorno en el cual admite desempeñarse como recolector de imágenes y viajero del tiempo, tomando cosas del pasado y del presente para conectarlas a una realidad pictórica. Él encuentra particular interés por las expresiones populares y cotidianas como: juguetes, dibujos infantiles, tatuajes, artesanía tradicional e historietas. Chincoya cuenta con estudios realizados en Diseño Gráfico en la escuela Gestalt de Arte y Diseño (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, sur de México).
El artista cuenta con doce exposiciones individuales entre las que destacan Made in China (2014), Galería arcaute arte contemporáneo (Beijing , China) y Exposición Pictórica (2014) Galería Alternativa Once, Monterrey (Norte de México) Su obra ha sido expuesta en China, Argentina, Estados Unidos, Japón, Colombia, España y México.

 

Pablo Llana: ¿Cómo fue tu formación artística?

Nacho Chincoya: Posiblemente mi gusto e interés por las artes surgió alrededor de los cinco años, cuando contemplaba y modelaba la plastilina con enorme asombro y emoción, elemento mágico, que me permitía construir todo lo que podía imaginar y que además me permitía palparlo. Posteriormente estudié la licenciatura en Diseño Gráfico en Chiapas, lo cual despertó mi interés y atracción por la composición, el contacto con el color y el poder creativo que ejerce. Y fue a través del cartel y los procesos de creación, que me incliné hacia la pintura.
Lo que me llevó a dedicarme a la pintura fue el asumir el papel de un terco explorador. El interés por descubrir esas cuevas con paisajes ocultos que emergen de la pintura, donde habita el color, las formas y que se presenta para descifrar ese lenguaje que me seduce para seguir contemplando paisajes diversos.

 

PLL: La pintura ocupa tiempo, es lenta, nunca termina y sin embargo se detiene, ¿qué me puedes platicar sobre al respecto?

NCH: La pintura se detiene, te observa, te recorre de arriba hacia abajo, bailas y la escuchas. La contemplas largo rato, la ves a los ojos y sonríe. Después de un tiempo está completa y entonces comprendes que es el momento.

PLL: ¿ La composición te resulta complicada?

NCH: Trato de relacionarla con la música, con sonidos y con mis gustos musicales. En este caso la composición siempre me ha parecido el tema más extraño y que más disfruto en mi trabajo creativo, es una especie de laberinto y crucigrama a la vez. Es un imaginario por resolver en el cual siempre me he perdido, pero al final encuentro el camino, mediante ese sonido que me guía a la salida.

 

PLL: ¿ Por qué en tu pintura hay acentos del barroco mezclados con trazos pop?

NCH: Mi gusto por las mezclas o mixes musicales que van desde la música clásica a lo contemporáneo con acentos de punk, pop o electrónico de los 80s. Comprendo que ese interés con el que surgen es debido a mi cercanía en la infancia con enciclopedias ilustradas por los grandes maestros de la pintura y por otro lado revistas de comics de los 80s. Los comics terminan siendo escenarios de juegos, paisajes oníricos.

 

PLL: ¿Qué fuerza tienen las caricaturas en tu cuerpo de obra?

NCH: Tienen tal fuerza, que aún contemplo su otra realidad con facinación. La realidad fantástica, al igual que la ficción. Ese aspecto irreal, lúdico, posible e imposible.

Me atrapa la idea de estar entre esas dos realidades. como en un especie de mix musical, con acentos de clásico y destellos de electrónico. La caricatura tiene ese aspecto fantasmagórico que me hace recordar que aún el cuerpo tiene espíritu.

PLL: Al ver una pieza tuya uno se remonta a la infancia y con la infancia misma a la escuela, ¿Es para ti muy significativo plasmar caricaturas y laminas escolares? ¿Qué significado tienen para ti estos elementos?

NCH: Mi trabajo siempre retorna a escarbar en el pasado, a rescatar esos elementos perdidos o escondidos en la memoria, para mí es importante reconstruirlos en el presente. Eso me da tranquilidad.

 

PLL: En tu pintura se ve la poesía, los fetiches, lo cotidiano, el ayer y el ahora, ¿cuál es tu intensión al mostrarnos la realidad mezclada con la ficción?

NCH: No puedo escapar a lo cotidiano. Mi fetiche es pintar y coleccionar juguetes. La atemporalidad es un buen argumento para iniciar una conversación con un bastidor en blanco. La realidad supera a la ficción.

PLL: Se ve en tu cuerpo de obra que te gusta crear cuentos e historias fantásticas, ¿que vives cuando realizas una pieza?

NCH: Definiría el acto de crear como construir al monstruo de Frankenstein. Situando mi condición de viajar al pasado y retomar cosas perdidas, rescatar paisajes, plantear presentes antiguos, o futuros del pasado, la pintura se convierte en un contenedor y cada pieza se comporta diferente, adquiere vida propia. No sólo pinto lo que me gusta también lo que me disgusta y de cómo preferiría verla.

PLL: ¿Cuál es tu perspectiva sobre el arte contemporáneo en México?

NCH: La perspectiva que yo veo es variable, no sólo me interesa lo que pasa con la pintura, también me interesa el cine, la música, la foto; considero que muchas veces cae en modas, pero lo que se hace con sinceridad siempre sale a flote y eso es lo que trato de no perder de vista.

PLL: Por último, ¿cómo te miras dentro de diez años más en tu carrera?

NCH: Me emociona tanto la idea de cómo me veo en diez años que no tengo descripción para ello, pero sí que me imagino trabajando mucho y conservando aún mi traje de Viajero Espacial.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *